30 de septiembre de 2011

k#8: LA VARA DE MEDIR

Anoche en el Montcabrer durante la UTMM
En un libro leí una historia qué decía más o menos así:
Un estudioso alumno acudió en busca de un sabio maestro budista. Cuando lo encontró le preguntó: "Maestro, si le acompaño y estudio diariamente las enseñanzas, ¿cuánto tiempo tardaré en conseguir su sabiduría?". Él le respondió: "Cinco años".
El alumno, que tenía prisa por ser tan sabio como el maestro volvió a preguntar: "¿Y si estudio el doble?"
A lo que el maestro contestó: "Entonces tardárás diez años".
Muy contrariado, el alumno volvió a la carga: "Maestro, y si estudio día y noche, cuánto tiempo tardaré en ser tan sabio como usted?".
El maestro respondió: "Entonces tardarás quince años"
El alumno, que no entendía aquello, preguntó: "Maestro, cómo es posible que si me aplico más cada día en el estudio de las enseñanzas, tarde cada vez más tiempo en conseguir su nivel de sabiduría?.
El maestro lo miró fijamente y le respondió: "Si uno de tus ojos mira constatemente hacia el objetivo, sólo te quedará otro para fijarte en el camino".



Hace unos días, Pez compartía en su blog unas reflexiones con las que estoy totalmente de acuerdo y que son muestra de  un crecimiento deportivo, pero sobretodo, una maduración personal. Y qué curiosa es la vida, porque venía yo dándole vueltas, desde que el pasado fin de semana abandonara en Javalambre, a pensamientos similares que hoy quiero compartir en esta entrada.

Amanece en el Pto Picada (vuelta al Aneto 2010)
¿Porqué participo en un ultra?
¿Qué vivencias voy a buscar?
¿Porqué quiero volver?

Sin duda, en mis respuestas no encontrarás ningún numero. No hallarás minutos, horas, puestos de clasificación ni nada parecido. Y respeto los que consiguen en ellos su estímulo. Pero no lo comparto.
Quizás es porque ninguno de "mis números" sea digno de destacar. Y probablemente nunca lo sean. Quizás. 

Es verdad que no hago sigo ningún plan de entrenamiento específico, que para mí los ejercicios en excéntrico me suena a entrenar en un psiquátrico, y que las únicas cuestas que hago son las que me separan ese día de la cima que quiero alcanzar. En realidad se podría decir que no entreno, si entrenar es preparse para una meta. Simplemente intento disfrutar con lo que hago.
Sin embargo creo que el motivo es otro. Un número no me va a hacer más feliz que otro. Creo que para medir mis vivencias, y afortunadamente creo que otros compañeros a mi alrededor también lo hacen, usamos otra vara de medir.
Amanece llegando al Niu de l'Aliga (Cavalls)

¿Y qué me merece la pena de un ultra?

Supongo que serán muchas cosas, pero me vienen a la mente estas:
- la posibilidad de ver un amanecer en solitario, en el Puerto de la Picada, frente al Aneto, después de haber estado todo un día con su noche dándole la vuelta al macizo.
- detener la carrera en un altiplano, en plena noche de luna nueva, y junto a mis compañeros (que gastan una vara similar) apagar los frontales y disfrutar de la espectacularidad insólita de ese cielo.
- compartir sonrisas en el avituallamiento de la cena, al sacar de la mochila y compartir esos pastelitos de la Pantera Rosa.
- es plantarte en la puerta de un refugio de montaña, de noche, sólo, y sentirte capaz de hacer la travesía de Cavalls del Vent en solitario.
- es que te despierte el día llegando al refugio del Niu de L'Aliga, a 2500 metros de altura, tras toda la noche caminando-trotando, con un manto de nubes bajo tus pies.
- es pararte a hablar un poco con los voluntarios que te esperan en cada avituallamiento. Así, por ejemplo, no pierdes la ocasión de conocer a Andrés, que sube desde hace muchos años a Javalambre porque fue escenario y guarda muchos restos de la Guerra Civil.
- es llegar a meta, a la hora que sea, y que los aplausos del público y los abrazos de tus queridos, te hagan imposible controlar las lágrimas y te emociones sin saber muy bien porqué.
Muchos diamantes

Y estas cosas requieren su tiempo. 

Si vas muy rápido quizás te las pierdas.

Quiero que toda mi atención esté pendiente del camino, y no dejar escapar ningún diamante que en él se encuentre.

3 comentarios:

Carles Aguilar dijo...

Me parece realmente significativa la forma en que describes todo lo que uno desea experimentar en un escnario como ese... Cuando se llega a ciertos niveles de consciencia lo que uno busca va mucho más allá de simples números y tiempos... Saludos..

Hortensia dijo...

Cada aventura trail es una experiencia única e irrepetible, suma de emociones compartidas. En cada una ganas una historia, una vida y esta cuenta acaba dando como resultado sin duda: Más Felicidad

Nativo dijo...

Eso lo resumo así: Preatorian, sit tibi terra levis... Caminante, que la tierra te sea leve. Y eso me lo voy a tatuar para que jamás se me olvide lo que pretendo -como tú- con todo esto. Michel, sit tibi terra levis.