12 de enero de 2014

A la búsqueda del tesoro de la Murta


McFly y Doc en un momento del viaje.
Con mi hermano Jaime las salidas siempre son iguales.

- Disfruto hasta hartarme.
- Sé dónde empiezan pero nunca cómo acaban.
- Cada vez corremos menos y dedicamos más tiempo a observar, a buscar, a escarbar, a imaginar.
- Y siempre, siempre, siempre, me hace llevar la sonrisa en la boca.





Este domingo la aventura comenzaba a las 7:00 am cerca de Agost. 


Destino: sierra del Ventós.

Y como era de esperar, no hemos llegado. 

Subimos a saco y todavía a oscuras hasta el pico Castellans. Cargado de simbolismo, como tantos otros picos de nuestra orografía (tengo curiosidad por saber si en otras culturas les clavan también algo, debo conocer más mundo!)

Desde allí y con las primeras luces, seguimos cresteando hasta alcanzar las ruinas de la casa de Victorino (o Isidoro, cada cual como quiera), que aunque no lo hemos conocido, se le nota maña e imaginación por igual. Y quien quiera saber más que se arrime.
Y desde allí, los planes empiezan a cambiar. El castillo de la Murta y su embrujo moruno nos va cautivando, sus antiguos moradores nos atrapan con sus cantos de sirena. 
¿Dónde estará escondido?


El sitio es el típico de las antiguas construcciones defensivas, cerro alto, de difícil acceso y aislado. 


Nos dejamos caer al barranco, y cogemos inercia para asaltar la fortaleza, sin encontrar más resistencia que la de la roca.
Y allí sentimos la fuerza del tesoro oculto. Nos atrapa la leyenda del oro moro escondido por los pobladores del Agost moro y nos lanzamos en su búsqueda. 

No corremos más. Pero nuestra imaginación vuela y se aleja de este mundo para penetrar en el pasado. Allí nos quedamos, más de una hora, Doc y McFly, oyendo el ralentí de nuestro Delorian, hasta que regresamos al futuro por caminos inexistentes.

Hemos encontrado nuestro tesoro y lo hemos vuelto a esconder. Hasta el próximo día que quedemos en que lo volveremos a sacar a la luz.

Ha sido fabuloso.
Como siempre.


8 de enero de 2014

Seguimos vivos!


VIDA from Nicolas Lopez on Vimeo.


Hola amigos.
Ciertamente he estado mucho tiempo ausente del blog. Disculpar. Pero podría decirse que he estado soplando niebla. Apartando niebla que no me dejaba ver bien. Niebla que enturbiaba mi vista y no me dejaba encontrar lo que me hacía disfrutar.
Así que ha sido un tiempo de purga, de farmacopea, de introspección, de reordenación de tiempos y preferencias... y al blog le ha tocado ahora.

Eso sí. Será algo diferente. Todo cambia. No creo que se repitan muchas entradas como las de antes.
Porque yo soy diferente. No soy el mismo ahora que cuando empezó esta aventura. Corro menos. Busco más. Me lesiono antes. Sonrío con más facilidad también. Me salgo con más frecuencia del camino, de la senda, de la trocha. Trepo. Destrepo. Tropiezo. Me pierdo. Me encuentro. Me sorprendo.

Hola de nuevo.

15 de julio de 2013

Slow RUN, a big FUN

Sin pretender que sea una disculpa, hacía tiempo que no aparecía por el blog.
Las lesiones persisten y diferentes altibajos me tienen bastante alejado del nombre que titula este blog.
Pero este sábado ha habido una perfecta alineación de astros que, aún no curando las lesiones del cuerpo, han lubricado otras juntas tiempo oxidadas.

Así un trotecito casi imprevisto con Andreu, se convierte en un gran reencuentro en la cima de Serragrossa (siempre Serragros), con Pez y otros compañeros.

Desde allí no hay otro destino posible.
Baño bautismal en nuestra cala. Cuanto tiempo!

Y cuando regresábamos, el maestro. Jaime, recién despertado por una furtiva llamada desde la cala,  y cuya alma ya no era capaz de regresar al sueño. Allí aparece sonriente.
Pues ala, otro baño. Como no!

Y finalmente, se nos unen en el desayuno Álvaro y Elías, para terminar de poner en marcha una sabática mañana. 

Qué ganas de volver!


3 de junio de 2013

Cabeço d'Or. Cualquier cosa menos trail

Ultimamente, siempre que quedamos Alvaro, Jaime y yo para correr, la coas tiene peligro. Cada vez nos apetece más pisar nuevas trochas, abrir nuevos caminos, llegar a sitios desconocidos.
Y así nos pasó el otro domingo en el Cabeço.
Alvaro con sus FiveFingers estaba preparado para cualquier cosa.
Así que iniciamos la subida dirección a la zona de escalada por Racó Caldera, una vaginal y preciosa brecha en la pared, de color anaranjada, que escondía interesantes rincones y ofrecía bellas vistas al que se atreviera a arrimarse.




Destrepamos al llegar al final de la brecha y comprobar que mejor idea era no seguir. Varias mochilas, cuerdas y cascos de escaladores están por allí al resguardo. Las dejamos donde están. Pero también pensamos que algunos se podrían llevar restos de aparataje que para montar algunas vías se han dejado por allí tirados (como un trozo de silla)



Y seguimos por el sendero hacia arriba, pero no por mucho tiempo. La roca nos atrae. Las masivas piedras, cual fuerza gravitacional, nos obliga a salirnos del camino marcado, y casi sin darnos cuenta nos encontramos de nuevo trepando, agarrándonos a la roca con pies y manos, abrazándonos a ella, dejando que nos lleve hasta arriba.
Y hasta allí llegamos.
Trotando menos. Disfrutando igual.
Gracias amigos.