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20 de diciembre de 2011

MMxM Serra d'Oltà.

Subiendo por un lado, bajando por el otro. Momento para entretenerse

7.45 am en el punto de encuentro de A To Trapo. Amablemente me acogen en el trayecto de ida y puedo disfrutar de su compañía. Jesús nos lleva en su coche a Juanma, Nacho y a mí. Conversación agradable y divertida en ruta, como siempre que te juntas con Jesús y cia. Nos pone al día de lo bien organizada que estuvo la Maratón Solidaria que con gran esfuerzo organizó Aper el día anterior. Hablamos de UTMB, tracks, GPS, kilómetros, rutas, carreras... siempre lo mismo. Nos encanta.

En Calpe localizo al cunyat, Dani, que aunque está algo tocado de una contractura, debuta en su primera MMxMontaña. Café con los compañeros en la gasolinera, dorsal, carrerita de calentamiento y a la línea de salida.
Puntual a las 9.30 una traca nos espolea a todos a salir corriendo.

Primeros metros de Els Cunyats

Aprovechamos los primeros metros dentro del Polideportivo para hacernos una foto corriendo juntos. Luego cada uno a su marcheta.
Los primeros kilómetros en los que salimos de Calpe para llegar a la falda de la montaña ya me sorprenden. En vez del asfalto que esperaba encontrarme, en seguida nos sacan a una pista, y a ratos sendero, que cruza por estrechos túneles la nacional y luego la autopista. Perfecto.
Sin tener nada calculado, como siempre que voy a una carrera oficial, en este primer tramo decido intentar exprimirme más en esta ocasión, a ver qué tal sensaciones quedan (por supuesto sin dejar de disfrutar del entorno, compañía, charlas, momentos para fotar... lo primero es lo primero). Analizo mentalmente el recorrido de cuando hace unos pocos meses lo hice con Dani. La subida y la bajada primera y la segunda por la canal son por senderos estrechos, con poca posibilidad de adelantamientos. Y somos más de 300.  De manera que decido apretar desde el principio para no quedarme demasiado atascado.
 De esta manera, y aprovechando que mi mochila me permite autoabastecerme, no paro en el primer avituallamiento de la zona de acampada y continúo tirando. Viene un tramo de sube-baja por pista (nuevo este año) en el que sigo avanzando posiciones, descendiendo rapidito e intentando no perder posiciones cuando tira hacia arriba.
En el segundo avituallamiento paro, como algo, repongo agua y enfilo hacia el barranco de subida, donde todavía tengo ocasión de adelantar algún corredor que se le atascan estos bloques de piedra. Me encuentro bien y voy cómodo y despreocupado con los pies con las zapas nuevas (medio número más de mis Kanadia).
Se suaviza la pendiente pero entonces viene un trayecto muy técnico, con piedras a modo de lajas clavadas en el sendero, donde es muy fácil hacerse daño. Recuerdo al Jaime saltando de piedra en piedra y me envalentono, haciendo todavía unos adelantamientos hasta llegar al Corralet. Y en seguida, breve subida que nos deja en el punto más alto de la carrera donde giramos e iniciamos un rápido descenso.
Aquí paro un ratico. El momento lo merece e intento plasmar en una panorámica lo que allí sucede (la teneis al principio). Una fila multicolor de corredores van aproximándose por un lado, me bordean, y comienzan sin pausa el descenso por la derecha. Mientras, frente a nosotros, es espectacular ver el Penyó rompiendo el mar, como si se tratara de un gran mascaró de un barco llamado Tierra.


Al sur, Bernia

Guardo la cámara, me aprieto las cordoneras, y ala, p'abajo. El sendero de descenso hasta alcanzar la pista es estrecho y divertido, y me dejo llevar. Alguno viene todavía más enfilado y va pidiendo paso. Pasamos por la Font y llegamos a la pista pasando ahora junto a nuestra querida Bernia (tenemos otra cita con ella este jueves, esta vez con su cresta más punk, o más técnica como se prefiera).
Mientras tomo esta foto, un corredor me adelanta por detrás y grita mientras se aleja: "muy chulo el vídeo de la Perimetral!!". Tengo que repetir la foto porque de la sorpresa me sale movida, y aprieto el paso para pillarlo y charlar. Así conozco a Santi. Charlamos del los blogs, de la próxima perimetral, y nos despedimos hasta nuevos encuentros. No deja de sorprenderme esto de los blogs.
Pica un poco la última subida hasta el collado de la Canal, pero consigo trotar en buena parte. Continúo sintiéndome bien, así afronto con ganas este último descenso, más técnico que el previo. Y bajo escopetado (esa es mi impresión), incluso con un par de sustos en los que evito caer.
Jorge, Dani, Jesús y servidor en la meta.
Ultimo avituallamiento en la zona de acampada, donde ya sólo me hidrato, y tramo final. Noto el cansancio, quizás también mental: últimos kilómetros, pista, llaneo... no me gusta. Me encantaría una meta en la que te tengan que frenar porque vas lanzado, bajando por un sendero, sin poder pensar en nada más que en dónde poner el siguiente pie.
Al final 2:29 minutos. Muy contento y con buenas sensaciones. Dani también consigue acabar, pese a sus molestias musculares, su primera MMxM, con lo cual todos contentos.
Nos quedamos por allí un rato contándonos las anécdotas, saludando amigos, y no esperamos a la paella puesto que la family nos espera en Altea.
En definitiva, si puedo el año que viene repito. Una CxM muy bonita y bien organizada.

13 de noviembre de 2011

Poseidos por El Yeti, (2ªEd Yeti Trail Run)



 Por segundo año consecutivo salgo a la caza del Yeti (Yeti Trail Run, 44 km, 2300+) intentando salir mejor parado que el año anterior, donde de un zarpazo me lastimó la cintilla y tuve que estar a reposo.
En esta edición voy todavía mejor acompañado. Desde Alicante salimos Pez, Alvaro, Elias, Juanito y David G bien tempraño, rumbo (algo perdido por culpa del GPS del coche) a El Berro, a donde llegamos con las primeras luces de la mañana.

Allí nos juntamos con compañeros de AToTrapo (Jesús y Juanma), y nuevos y viejos amigos murcianos (Juanjo, Hortensia...). Mucha buena gente junta.
Una traca al más puro estilo fallero anuncia, con unos 10 minutos de retraso, la salida de la carrera desde la plaza del Berro. Inicialmente agrupados, nos dirigimos por pista hacia el primer embudo, que en esta ocasión hace la función contraria y no aglutina sino que nos separa. Alvaro y yo nos quedamos a vaciar la bufeta y nos quedamos detrás con Juanito mientras  Elias, Pez y David tiran por delante.
Vamos haciendo caminito hacia arriba para coronar la primera cima, la Peña Apartada, por senderos preciosos, nada de pista, y con un día fantástico con un cielo azul surcado por pequeñas nubes blancas. 
Yo voy haciendo la goma para ir grabando vídeo. Acelero y voy pidiendo paso con la excusa de grabar y luego los sorprendo tras algún arbusto con la cámara encendida. La mayoría saludan, hacen alguna moñería y agradecen la intención. Juanito se nos queda por detrás.
Yo voy un poco mosqueado con mi pierna derecha. Los tibiales posteriores y gemelos no se han terminado de relajar bien de la MM Pinoso (semibarefoot) y las primeras cuestas me los ponen a tono. Sin embargo, coronamos agustito esta peña (unos 15 km, 800+), desde donde podemos ver, frente a nosotros, el Morrón Espuña, nuestro siguiente objetivo. Cresteamos un poco, y antes de llegar al avituallamiento de la cima tenemos la primera sorpresa de la carrera, ésta agradable.
Oculto tras un pino NOS ASALTA EL YETI, gritando, enfurecido... 
Tras la sorpresa inicial le explico que no se envalentone mucho que el que me acompaña es carnicero y le embrutecen los km, así que acabamos abrazados y hablando de lo dura que puede ser la vida en... la ciudad.
Nos avituallamos y afrontamos un rápido descenso. Pasamos junto a unas grandes piedras que hay que sortear en el descenso y le muestro a Alvaro dónde me fostié el año pasado, intentado adelantar por donde no debía cuando el terreno, tan resbaladizo, no lo aconsejaba. Siempre aprendiendo, aunque sea a base de ostias.
Alcanzado el Morrón de Espuña, que bordeamos por los pozos de la nieve, ahora descendemos hacia la zona recreativa de la Perdiz. Bajamos por el Barranco del Gallego, una zona llamada la Canaleta, muy estrecha y vertical, con la canal metálica enmedio, que hay que descender con precaución, sin poder evitar el recordar nuevamente cómo estaba esta zona el año pasado, cuando Toni y yo mejor nos hubiera ido con unos esquies.
En esta bajada hago un alto en el camino. Nuevamente el meñique derecho empieza a molestar. Golpea en su cara lateral con la zapatilla en cada zancada hacia abajo...Pienso en decirle al Yeti que le de un bocado y me lo arranque, harto de no encontrar solución al asunto. Me froto nuevamente con vaselina, sin llegar al disfrute, me cambio los calcetines, y discretamente mejor, continuo el descenso. Doy alcance a Alvaro que ya se ha quedado sin agua, le ofrezco, y continúo a mi ritmo para ya reagruparnos en el cercano avituallamiento previo a la última subida (km 28, 1800 +).
Aquí tenemos la segunda sorpresa de la carrera, en este caso no tan agradable. NO HAY AGUA !!!!!
Sin poder excusar a la organización de este fiasco, decidimos no movernos de allí hasta que traigan. Así esperamos unos 15 minutos. Aprovecho para apañarme el dedo, enfundándolo en un apósito que amablemente me ofrece un amable JuanDeDios, llegado de Cartagena.
Tras beber y cargar agua, enfilamos la última y más dura subida, vertical, pedregosa, expuesta al sol que pica a estas horas del mediodia. El verdadero monstruo de la carrera está agazapado aquí, en forma de Hombre del Mazo, que revienta algunos compañeros y les impide acabar su sueño. 
Alcanzamos la senda del Caracol, preciosa, expuesta, labrada en piedra, con impresionantes vistas sobre las paredes del Leiva y sus cuevas. Trotamos un poco, subimos el zigzag y nos dirigimos al Morrón Chico.
Aquí nos cruzamos, en el bucle,  con Hortensia, que está haciendo un carrerón en su debut en la grande de las Yeti Run. Más tarde nos dará alcance.
Quedan menos de 10 km y unos 600 metros que descender, y aunque casi todo el trabajo está hecho, todavía se pueden torcer las cosas... y Alvaro nuevamente deja de mear. 
De su boca salen todos los improperios que su embrutecido cuerpo atina a decir, mientras de su vejiga no sale una gota, arrugada y seca como su camelbak. Repartimos la que nos queda y bajando un poco el ritmo alcanzamos el penúltimo avituallamiento. Unas simpáticas voluntarias nos reciben con alegría, refrescamos la gola y rellenamos botellas, y seguimos, ahora por un sendero que baja al barranco, rápido y divertido, que hacemos en compañía de Míguel, vecino de Petrer, que también debuta en la Yeti.
Salimos a la pista y en breve, el último avituallamiento, nuevamente con simpáticas voluntarias ofreciendo lo que les queda, que no es mucho. Ya nos entretenemos poco, un par de vasos directos al gaznate, les agradecemos la atención y a por los últimos km. 
Alvaro ya reanuda su flujo uretral y se le pasa el embrutecimiento (bueno, se le rebaja), Hortensia nos alcanza, y descendemos en buena compañía por el barranco de las Brujas. Nos descolgamos un poco por los rampazos en una pierna de Elias, pero se le pasa pronto, y conseguimos recuperar tiempo para poder entrar junto a Hortensia en la línea de meta, tras más de 7 horas de aventura.
Aquí la última sorpresa, tampoco grata. De nuevo el avituallamiento se ha agotado, o casi agotado. No quedan migas ruleras, no queda cerveza (y eso que era una patrocinadora del evento)... Una pena.
Una pena porque es una carrera muy bonita, que recorre un paraje espectacular, muy bien marcada, con simpáticos voluntarios que hacían lo que podían en cada cruce y puesto de avituallamiento, pero claro, no tenían mucho que repartir, y esto ensombrece un poco, o un mucho, las sensaciones finales. Y claro, cuando a tan corto plazo de tiempo hay otras carreras de montaña, como la de Chiva, a la que no voy (este año), pero los que la conocen cuentan maravillas de cómo tratan al corredor, pues al final por una suma de factores se acaba eligiendo una carrera y no otra.
En fín, ojalá la organización aprenda para la próxima cita.

A punto de irnos podemos ver entrar a Juanito, a un ritmo que ni me dio tiempo a desenfundar la cámara. Ole campeón. Tengo ganas de que nos cuente de lo que habló con el Yeti allá arriba.
Nos compramos un bocata y una cerveza en el bar, nos lo tragamos rápido, y de vuelta.
La expedición alicantina (una de ellas) formada por David, Pez, Elias, Alvaro, Juanito y servidor finaliza la aventura. En general todos contentos y satisfechos, sintiéndonos victoriosos.
En cuanto pueda, el vídeo.


Si quieres descargarte el track en formato gpx, pincha aquí.



27 de septiembre de 2011

Javalambre 2011: Cuerpo, Mente, Alma... y Ampollas

En realidad Jaime tenía razón cuando hace unos meses nos recomendaba esta aventura. La Javalambre CMA es un evento especial, del que aunque todavía me dura el malsabor del abandono, animaré a que los buscadores de aventuras se apunten; y yo también volveré.

¿Y por qué es diferente?
- quizás porque desde el refudio de SerRa, en Alfondeguilla, Tomás y colaboradores lo montan con pocos medios y mucha voluntad, sintiéndote formar parte de una pequeña familia,
- también porque tomamos la salida un pequeño número de participantes, 31 en esta edición.
- porque los 107 kilómetros de duro recorrido pero de gran belleza es buen aliciente,
- porque no hay marcas que te dirigan durante sus 107 kilómetros, motivándote a no perder de vista el GPS y las posibilidades del camino,
- porque el avituallamiento de la cena es un bocata caliente de tortilla con jamón, y una cerveza (o lo que quieras) en el bar del pueblo mientras todos vociferan un gol de CR al Rayo.
- porque si no tienes prisa, ves amanecer en lo alto de Javalambre (y esto no lo han visto mis ojos)
- y por todo lo que seas capaz de llevarte en una aventura de tal envergadura.

6:15 am. Preparándonos para salir de la AC.



El trío feliz.

Aventura que empezó mucho antes, pero que se puso en marcha a las 7.00 a.m. en la plaza del refugio de SerRa. Todavía con los chubasqueros, nos hacemos la foto oficial y salimos con un poco de retraso. Rápidamente nos pondríamos todos de corto, porque el inicio ya es hacia arriba, como casi todos los kilómetros en esta prueba, y la tormenta iba a dar paso a una intensa y sofocante mañana. Con alegría vamos haciendo caminito. A la marcheta, subidas caminando, y cuando la pendiente cesa o la bajada no era muy técnica, al trote cochinero. Así vamos disfrutando las primeras horas de la carrera, hasta que nos chocamos con las subidas a Espadán y la Rápita. Aunque intentamos mantener el mismo ritmo, yo voy notando en el cogote, que el calorcete me está cascando de lo lindo, incluso algún calambrillo por los gemelos, así que intento hidratarme más todavía, y me hecho algún pastillajo de sales a la boca.
En los dos primeros avituallamientos cargamos a tope los depósitos de agua, nos tragamos sin pestañear algún bote de isostar o cocacola que los queridos voluntarios nos ofrecen, y yo ya tengo que ir prestando atención a los pies porque el talón derecho ya empieza a decir "mu". Coloco compeed. E intento rezar o algo parecido. Pero no es la solución.

Con los voluntarios en la comida.

Al avituallamiento del km 28 llegamos con hambre y algo perjudicados por el calor, pero enteros.
Nos zampamos el bocata correspondiente, Alvaro y Elias estiran un poco, y yo mientras me reviso los pies. A partir de ahora, ya no seríamos 3, sino que una querida ampolla a modo de Gremlim se nos une al grupo. Bienvenida a la fiesta.
Alvaro me enfunda el talón con esparadrapo y seguimos; pero pocos kilómetros más adelante, tenemos que hacer lo mismo con el otro pie.
Ya somos 5, demasiada gente para entenderse durante tantos kilómetros, pienso.

Faltan dos que no salen en la foto.

Y seguimos adelante. La sofocante mañana, como era previsible da paso a una tarde de tormentas. Mientras avanzamos podemos verlas y oirlas en las sierras de alrededor, y sabemos que tarde o temprano nos tocará. Vamos mentalizados a mojarnos, así que cuando estamos en Higueras y nos cae una buena tromba en pocos minutos, ni paramos. Nos protegemos bien, repostamos en la fuente del lavadero y seguimos.

Estamos contentos. Seguimos disfrutando. Elias tiene algún pinchazo ocasional en la rodilla que no parece ir a más, y con algún que otro antiinflamatorio (nada no permitido por la organización), va como una moto.
Insuf prerrenal resuelta.
Alvaro, sin llegar a embrutecerse, va lanzado, sin una queja, como por encima del bien y del mal, hasta que... chicos, que tengo ganas de mear y no meo!. Pues ya puedes beber a saco, le recomendamos, antes de que sea tarde amigo.
Y tras unas cuantas horas de repostaje forzado, vuelve a salirle el oro líquido, al principio un poco oscuro y luego más clarete. Menos mal que no fue tarde.
Disfrutando
Y yo, todavía disfrutando. Del reto, del entorno, de compartirlo con mis amigos... Pero ya una idea me va rondando la cabeza. Esa idea que aparece en algún momento en cualquier ultra, pero que no debes dejar que se te enquiste. La idea de abandonar.
Llega el momento de compartir un trozo de quiche. Lo traía envuelto en papel albal en la mochila. Y a Elias y a mí nos sentó genial. Alvaro prefería terminarse una barrita de nosequantasmil calorías que tardó medio ultra en digerir.
Tras la cena en Pina.
Y así llegamos a Pina, km 58, con bocata y cerveza en el bar del pueblo. Recargamos baterías, también las del móvil y las del GPS, y Alvaro me enfunda de nuevo los pies en Compeed y esparadrapo... pero ya no funciona igual de bien.
Salimos del pueblo en traje de noche y comiéndonos unos fantásticos pastelitos de la Pantera Rosa (todo un clásico en mis ultras) con el que consigues las sonrisas infantiles de los que te rodean. Pero a mi ya se me acaba pronto la sonrisa.
Ahora tenemos por delante muchos kilómetros de llanear, primero por carretera y luego por pista, hasta que tenemos que bajar y subir un barranco, y luego continuar llaneando.
Con cada pisada, la idea de abandonar se hace más fuerte en mi cabeza. La oculto durante muchos kilómetros, aunque supongo que se me veía en la cara. En toda esta larga etapa de 21 kilómetros, de lo poco que pude disfrutar fue cuando decidimos parar en un altiplano, apagar los frontales, y disfrutar unos instantes de la inmesidad del cielo, la claridad de la vía Láctea, la infinidad de estrellas que nos miraban.
Muchos kilómetros por delante para no seguir disfrutando. La decisión está tomada.
Cuando queda poco para llegar al avituallamiento lo suelto.
Pero no les sorprende. No intentan convencerme. Me imagino que estaba cantado. Era la decisión correcta. Muchos kilómetros apoyando mal, y todavía quedaban 30.
El que ellos fueran tan bien me ayudó a que la decisión fuera más fácil, No les hacía la más minima falta. La poca experiencia que yo ya tengo en los ultras ya no les era necesaría. Habían decidido apuntarse a un curso intensivo, y lo estaban aprobando con nota.
Sin duda quería acabar, era uno de los motivos para estar allí. Pero sólo uno más.
Lo que más lamentaba era no poder estar junto a ellos cuando vivieran lo que les quedaba por vivir. Porque los últimos kilómetros de un ultra son los mejores, los más intensamente vividos, los más emocionantes. Sabes que por mucho que te estén costando, vas enfilado a la meta y nada te va apartará de ella. La dura y larga noche, de repente, desaparece, y el sol te saluda, en este caso en la cima de Javalambre, como rindiendo pleitesía a sus reyes, y por fin, entras en meta, donde es difícil de aguantar las lágrimas.
Esto era lo que yo quería compartir con ellos.
El 4º pasajero.

Tuve que conformarme con que una furgoneta me llevara al refugio, después de que pasara el último grupo, con meterme en la ducha y chillar de dolor al llevarme la piel detrás del esparadrapo al quitarme las protecciones, con intentar dormitar un poco en la litera...
Los reyes de Javalambre
Pero al poco me planto en la puerta del refugio, con la vista hacia el GR que desciende de Javalambre, hasta que allí los veo aparecer, grandes, mucho más grandes que cuando salieron.
Me voy hacia ellos, y los abrazo, sin poder y sin querer evitar ponerme a llorar.
Ahora sí que vuelvo a disfrutar, con ellos.

Tras descansar unas horas comemos todos juntos en el refugio de Rabadá y Navarro, y a las 15 h un microbus nos lleva de vuelta a Alfondeguilla, donde termina la aventura.
Hasta la próxima.





El motivo? Quizás demasiado reborde en la plantilla?


23 de agosto de 2011

Cavalls del Vent. Crónica definitiva

...y con esto termino, que me estoy enrollando.

En anteriores capítulos:

Como venía contando, el recién formado "Cuarteto del Moixeró" coge ritmo cochinero y avanza en la oscuridad de la noche. Tras repostar en la Font del Coll de la Bena tenemos por delante un tramo bastante trotador en bajada en el que nos animamos, cuando de repente, empiezo a notar los dos pies un poco sueltos en la zapatilla... no puede ser, si me las acabo de ajustar hace unos minutos.
Zapas con sistema de cordaje roto
Maldición!!
Se ha roto el sistema de cordaje de ambas zapatillas, a la vez y por el mismo sitio!!!!!! Va a ser que algún defectillo tendrían. Ya las llevaré a Carlos (RTeam) a ver qué opina. Pero de momento lo que me preocupa es que quedan por delante más de 70 km todavía de ultra, casi los 10000 metros por subir y por bajar y no tengo zapatillas de repuesto... y plantearlo en barefoot como que no me veo. Afortunadamente el sistema de cordaje de las LaFuma tiene doble ajuste, uno para la zona del antepié y el de siempre. Como se ha roto en medio, ajusto lo que puedo ambas zonas, y aunque no es lo mismo, pero ala, no queda otra, y rezandico para que aguanten...
Llegamos a Cal Cerdanonyola donde reponemos agua en la Font Nostra y veo con sorpresa una máquina expendedora de refrescos en la fachada (y yo cargando con la cocacola desde Gresolet!, aunque luego pienso que llevo 20 euros pero en billete, no me hubiera servido, algo más que aprendo: monedicas).
Nos metemos por el sendero que remonta el Torrent del Forat, pasamos el Pont dels Empedrats y nos introducimos en uno de los parajes descritos como de los más espectaculares del parque, Els Empedrats. Pese a ser de noche, mientras vamos remontado el estrecho, cruzando sucesivamente el torrente de un lado a otro, trepando grandes piedras calizas, viendo algunos saltos de agua y escuchando muchos otros, nos hacemos una pequeña idea de lo impresionante que tiene que ser este tramo (otro año de día y con los peques).
Llegada a Sant Jordi.
A la 1:40 alcanzamos el primero de los 8 objetivos de la aventura, el refugi de Sant Jordi (1561m).
Nos entretenemos poco y salimos zumbando hacia el siguiente objetivo, que todavía lo pillaremos de noche y por tanto poco pudimos ver. Bajamos rápidos hasta el mas d'Escriu donde toca remontar hasta el collado del mismo nombre, y luego bajada hasta la población de Gréixer. Este es otro punto en el que la oscuridad de la noche nos confundió (como al Dinio). El sendero continúa enfrente, para cruzar rápidamente el río Gréixer y se remonta unos metros hasta encontrar una pista que cruzará por debajo la carretera C16. Allí se abre un prado de hierba donde decidimos avituallarnos antes de comenzar la subida hacia Rebost. Decido sacar la lata de CocaCola para acompañar el bocata y la compartimos. A todos nos apetece, y aunque sólo tocaríamos a unos escasos 8 cl, a mí por lo menos me ayudó a desatascar los macarrones. Hasta Rebost poco que contar, todo subida hasta alcanzar los 1631 metros de altura. Llegamos al Refugi de Rebost, segundo de ocho. Cambiando pilas, calcetines y reponiendo agua (está la fuente un poco más arriba, siguiendo el mismo recorrido) se nos hacen las 5 de la mañana.
Seguimos con calma. Tenemos por delante casi un kilómetro vertical en poco más de 6 kilómetros. Y los momentos más espectaculares de la aventura.
Al fondo, de donde venimos: el Pedraforca
Las primeras luces de la mañana empiezan a aparecer cuando abandonamos el bosque, alcanzamos la cota de los 2000 metros, y vamos aproximándonos a la Pleta de Comafloriu. Todavía unos 300-400 metros por encima nuestra vemos nuestro siguiente objetivo, pero no podemos evitar vover con frecuencia la vista atrás, para ver el inmenso valle, tupido por una espesa niebla, sólo rota por las grandes moles de piedra. Al fondo del todo se distingue la inconfundible figura del Pedraforca, de donde venimos y hacia donde volvemos. Simplemente espectacular. Todos repetimos lo mismo: "merece la pena el esfuerzo sólo por que tus ojos vean esto".
Un último esfuerzo y alcanzamos nuestro 3/8 objetivo y el más alto de todos, el Refugi del Niu de L'Aliga, a 2513 metros de altura.
L'Aliga al fondo y arriba
Son las 7:15 de la mañana, y desgraciadamente el refugio no abre sus puertas hasta las 8h. Adios a nuestra idea de desayunar un calentito vaso de leche con magdalenas. Nos abrigamos, sellamos los fortfait, comemos algo y salimos.
El recorrido ahora es un descenso vertiginoso, carenando, con impresionantes vistas mires por donde mires, con grandes desfiladeros. Las sensaciones son indescriptibles. Me animo en la bajada y me despido de mis compañeros. Eduardo es más prudente en las bajadas, ya nos veremos más adelante, seguro.
Llegando al Niu L'Aliga
Espectacular bajada
Pero no todo es bajar en esta etapa. Cuando vas recuperando la cota cercana a los 2000 metros, al llegar al Coll de Jou, y de nuevo te metes en bosque, toca recuperar 300 metros de subida para hacer cima en Penyes Altes (2270m). Esta subida recuerdo que me picó, me picó mucho.
Luego sigo descendiendo, al principio todavía con bastante pendiente pero luego se alcanza el pla de Moixeró, un tramo más largo de bajada más tendida, con muchas vacas y por tanto, con muchas moñigas, que salpican (literalmente) el sendero. 
Planeando por el Moixeró. Las vacas acompañan
Aprovecho para relajarme un poco y hacer alguna llamada tranquilizadora. Hablo con Raquel, que ya había leído alguna de las entradas en el blog esta noche y estaba más tranquila que cuando me fuí de casa la tarde anterior (gracias por tu paciencia). También llamo a mis padres. Leo los emails que van llegando, que son muchos, Jesús por el WhatsApps, veo que hay llamada perdida de Pez... Las pilas se recargan, algunas lágrimas afloran... Os quiero a todos. Esto de aventura en solitario sólo tiene el nombre.
El recorrido coge ahora dirección norte, dejando a nuestra derecha el Roc Cremat (2008m). De repente nos topamos con un descenso muy técnico de casi 400 metros de desnivel, rodeado por inmensos abetos, en el que pese a ir con mucho cuidado, no dejo de caerme en un par de ocasiones. Llego entonces a una pista que permite recuperar un poco, es de bajada pero suavecita e intento seguir trotando hasta el refugio. El último repecho me frena en seco. Subo andando hacia el refugio y nada más verlo le grito: Maruannnnn!.
Pan, tomaca y lomito de serdo..ummhhhh
Allí estaban estos dos pedazos de amigos: Maruan y Andreu, que se habían pegado una paliza de coche para poder acompañarme un rato. Muchas gracias amigos. Decido por tanto hacer una buena parada, la compañía lo merece y además, esta etapa se me ha hecho algo "cuesta arriba" cuando era todo bajada (tengo que seguir aprendiendo a dosificar; me pasará factura).
A la simpática guarda del Refugio de Serrat de Les Esposes (1511m) le pido el bocata en versión maxi y una cocacola. Mientras me lo zampo, Andreu se termina de preparar, ya que ha decidido acompañarme en esta etapa hasta el siguiente refugio, y llegan Titín, Jesús y Eduardo, que no pueden evitar pedir otra ración de tan suculento manjar. Me cambio de camiseta que ya apestaba, calcetines, y siendo ya las 11 de la mañana, salimos Andreu y yo hacia el refugio de Cortals d'Ingla. 
Repostando en Serrat
Una corta pero intensa subida inicial es lo más duro de la etapa. Luego cogemos una pista asfaltada que se va prolongando más de lo que desearía. Lamento que para una etapa que puede venirse Andreu, sea tan poco trailera... Sin embargo luego de tomar un desvio en la Font Freda, la cosa se anima; entramos en sendero, nos rodeamos de frondosa vegetación y grandes abetos, empezamos a cruzar riachuelillos, y ese venenillo que es la esencia del trail running empieza a hacer su efecto en Andreu.
Con SuperAndreu. Gracias
Tardamos menos de una hora en llegar al siguiente refugio, Cortals de L'Ingla (1604 m), menos de lo que nos hubiera gustado, sobretodo a Andreu, porque yo ya voy un poco cargadito de kilómetros.
Y con SuperMaruan. Gracias
Aquí me entretengo escasos 5 minutos, recargo agua, sello el forfait, me abrazo con mis amigos Andreu y Maruan (que allí estaba esperando con el coche) y parto.
Veo al fondo hacia dónde me dirigo ahora, la serra de la Moixa, totalmente cubierta de nubes oscuras. Hay que volver a subir hasta la cota de los 2200 y carenar por encima de los 2000 metros bastante rato. Me voy haciendo a la idea de que me voy a mojar prácticamente seguro. Sólo pido que se lo más tarde posible (y no sabía lo que equivocado que estaba al pedir esto).

En la foscor
A los pies del Comabona
Empieza en un tramo de pista y dejo un par de desvios a izquierda que me llevarían de nuevo al refugio de Sant Jordi (vía coll de Pendís). Equivocarte aquí y darte cuenta que vuelves a llegar al segundo refugio tiene que ser para pegarse un tiro, aunque sólo te habrías desviado poco más de un kilómetro... Pero está bien indicado y no hay dudas. En seguida me encuentro en un sendero que asciende progresivamente por el torrent de Vimboca, bien metido en bosque, hasta llegar al collado del mismo nombre. Sigo subiendo y poco a poco, me meto en las nubes. Una verdadera pena, porque ya me contó Pez la espectacularidad de este tramo, carenando por encima de los 2000 metros y con impresionantes vistas hacia ambos lados... pero es lo que tiene la montaña. Disfruto de todas formas de este espectáculo alpino que ofrecen las nubes rodeándote, humedeciéndote con sus gotitas que no llega a ser lluvia. Me cruzo algunos senderistas que amablemente me dejan paso, voy trotando a ratos, cuando no hay pendiente, con algún otro me paro a hablar un poco.
Más compañía en el Prat d'Aguiló
Más adelante comienza el descenso y las nubes me permiten disfrutar de las vistas. El sendero ahora te lleva a los mismos pies de grandes y verticales moles de piedra que te hacen sentirte pequeñito pequeñito, primero el Comabona (2540 m) y tras cruzar el barranco de Les Toselletes, el pic d'Aguiló (2494m). Tras planear un poco por el prado homónimo, llego al refugio del mismo nombre (1995 metros). Refugio 6 de 8.
Son las 3 de la tarde, hora del café.
Cafetito con leche y magdalenicas!!
Me siento en la terraza, y mientras converso con un profesor vasco que estuvo destinado un añito en Aspe, me zampo un café con leche mojando dos magdalenicas, que me sientan como dios. Aprovecho el apretón intestinal que me produce el café para sentarme tranquilamente en el WC del refugio y me preparo para salir, más descargado y animado, pero...
Cuando salgo a buscar la fuente para reponer agua, llegan mis compañeros. Casi al mismo tiempo, la lluvia.
Comienza una tormenta en condiciones. Sin aparato eléctrico afortunadamente (por mis bastones de carbono lo digo; no tengo intención de freirme), pero con ganeta, bastante ganeta.
Como prisa no tengo, me da igual una hora más que menos, decido esperar un margen de tiempo prudencial a ver si escampa. Así que me quedo con mis compis en el refugio mientras reponen fuerzas.
Decidimos poner límite.
En el pas de Gosolans
Si a las 4 no para, salimos.
Y así fué.
Y afortunadamente, escampó.
Esta etapa la vuelvo a hacer acompañado casi hasta el final con Titín, Eduardo y Jesús.
Salimos abrigados, pues la tormenta ha refrescado el ambiente, y nos dirigimos hacia el último alto en el camino, el Pas de Gosolans (2426m). Llegamos a el tras fuerte subida, en zigzag por sendero bien marcado y finalmente por una tartera. Arriba hace frio pero no tanto como nos esperábamos.
Las vistas son nuevamente espectaculares.
Ahora trotamos por el altiplano un buen rato hasta que comienza progresivamente el descenso. Desde aquí hay que descender casi 800 metros hasta el refugio.
Aquí me doy cuenta de que ya se me están acabando las pilas. Mis compañeros van cogiendo progresivamente ventaja, y sólo los pillo cuando hacen algún pequeño alto para cruzar una valla de pastoreo. Además, mis rodillas empiezan a darme señales de alarma cuando desciendo, seguramente porque las forcé algo más de lo debido al principio.
Decido ir a mi ritmo, como siempre, así que cuando alcanzamos la pista que ya conduce en suave descenso hasta el siguiente refugio, dejo a mis compañeros que se alejen.
Son poco más de 4 km que se me hacen muuuuy largos. Consigo aguantar aun así trotando la mayor parte del trayecto, pero recuerdo que miré el GPS en numerosas ocasiones, porque no veía el fin de la pista.
Por fin, a las 18:10 llego al refugio Lluis Estasen (1674m), objetivo 7/8.
Sólo queda la última etapa. Me despido rápidamente de mis compañeros de aventura, ya que está empezando a llover nuevamente, y esta vez sí que no espero.
En mal momento supliqué yo que me lloviera al final.
Notese la curvatura del bastón
El motivo es que quedan por bajar más de 400 metros hasta mi punto de partida, y esta bajada es la más técnica de todo el recorrido, un fuerte descenso por estrecho sendero, rodeado de bosque, con abundantes piedras planas y raíces que son la delicia de un buen patinador, que no es el caso, y además, en plena tormenta. Por mucha prudencia que puse, di con mi cuerpo en el suelo en más de una ocasión, teniendo suerte de no hacerme mucho daño, porque tal y cómo quedó uno de los bastones sobre el que me caí... podría haber sido peor.
Tras más de 20 horas y 80 kms... Vacio.
Tardo casi una hora en hacer los 3,7 kilómetros que me separan de mi último objetivo. El refugio de Gresolet. El mismo del que salí 20 horas y 30 minutos antes. Llego totalmente agotado, vacío, y allí está Andreu, fiel, esperándome. Le abrazo, me siento y me descalzo. Tengo ganas de llorar, una mezcla de emoción, de cansancio, de alegría...
Termina así una aventura, mi travesía "en solitario" sub24 Cavalls del Vent, que de solitario ha tenido al final sólo la intención y los preparativos en mi cabeza, porque os he tenido a todos siempre allí conmigo, y porque gracias a Titín, Eduardo y Jesús, estuve acompañado buena parte del trayecto.
Gracias a todos.
La familia y amigos que apoyaban desde campo base. Gracias.

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Entradas al blog realizadas desde la travesía (Live Trail):



3 de agosto de 2011

Cavalls del Vent en "solitario". La travesía.

... y como venía contando, enciendo el frontal y echo a andar. ¿Pero hacia dónde?

La primera en la frente.

El GPS se ha dado más prisa que yo en encontrar las señales (las del más allá). Así que le sigo. El payo que colgó el track en wikiloc subió hacia el Coll de la Bauma por la pista. Como pude comprobar después en el mapa (algo que mi "audacia" ya sospechaba, puesto que no encontraba ni una maldita señal anaranjada), el recorrido marcado iba por otro sitio, aunque cercano, subía en línea recta por sendero evitando los zigzag que yo iba haciendo por la pista.
Viendo que aquello iba a llegar al mismo sitio, sigo por donde me he metido, que más adelante me cruzaré con las marcas.

Pero esto no contribuye mucho a sosegarme.

La noche es cerrada. De momento ningún ruido anormal (jeje, mi mente patológica y fabuladora había pensado de todo). Hasta el Coll de la Bauma subo caminando, luego se me alegra el cuerpo trotando cochineramente en una suave bajada. Los macarrones me acompañan. Ya no estoy sólo.
Pienso que no debe ser bueno comenzar un ultra vomitando, así que añado agua al bolo gástrico y a ver qué pasa. Me acuerdo de la actuación de Suso.
Así llego al Coll de la Bena. Bifurcación de pistas...y ninguna de las dos coincide con el track. De aquí no pasa que no encuentre una maldita señal. Y vaya si me encontré cosas...

El sendero hay que cogerlo a la izquierda, en bajada hacia la Font de la Bena, que mana en fino chorrillo unos metros más abajo. Las preciosas señales rectangulares anaranjadas aparecen una tras otra. Aprovecho para recargar agua, que con la indigestión casi me he ventilado una botella.

Y entonces los veo acercarse...
Y hablan...
Los 3 UFO's aproximándose

Son 3 frontales como 3 soles. Uno tras otro. 
Si fuera otra época pensaría que eran los Reyes Magos (o si llevara más kilómetros pensaría en nutrias), pero en esta época...y tal y cómo me he portado...
Conforme se acercan nos vamos reconociendo. Misma raza de animal: el trail-runnero, que no saciado de aventuras, sale cada noche a los bosques.
Nos presentamos.
Ellos son Titín, Eduardo y Jesús. Han salido una hora antes de Estasen y resulta que los he adelantado al meterme por la pista (lo siento, no fue voluntario; prometo corregir mi track antes de colgarlo). Tras las presentaciones oficiales decidimos unir fuerzas. Ellos ya se conocen el camino (o por lo menos hay alguno que ya ha hecho el recorrido en otra ocasión), pero mi GPS es más grande :-)
Es el inicio de una simbiosis que fluyó muy bien durante las siguientes horas.
Reconozco que fue alegría la principal sensación que tuve al encontrarlos. Continuar el resto de la noche en compañía me parecía la mejor de las opciones y lo mejor que me podía pasar en ese momento.

Sin embargo...
Tantas horas previas de insomnio, tanto desasosiego, tanta lucha para vencer el acojono que me había crecido interiormente pensando en este reto, en solitario, con nocturnidad y alevosía, que terminarlo así, tan prematuramente. Sin haber tenido una crisis de ansiedad pensando que me perseguía un oso, cuando eran mis tripas las que gemían... Sin sentir el hálito de una manada de hienas hambrientas persiguiéndome para devorarme, cuando era yo el que empezaba a oler a ultra... No sé, tenía la sensación de que me iba a perder mucha aventura.
Así que me contenté con que más de 75 kilómetros por recorrer y casi los 5000 por subir y otros tantos por bajar iban a ser reto suficiente para lo quedaba de día y de noche, y así me uní tan alegremente a un trío, ahora cuarteto, que iba a marcar el ritmo de esta preciosa velada nocturna.

Y el ritmo empezó perfecto. Yo sólo no lo habría hecho mejor. Las subidas caminando y el resto, siempre que el terreno lo permita, a trotar, pero cochineramente hablando.
Y la velada nocturna. Ohhhh. Eso sí era una noche estrellada. Espectacular la infinidad de lucecitas titilando en el cielo.
Y pensando en estas cosas tan infinitas, en nuestra levedad, en nuestro micromundo, en el macromundo de ahí afuera, en la inmensidad... Y joder, no es massa casualidad encontrarte con un amigo de tu suegro la noche de un lunes en una fuente remota de un sendero del Cadí Moixeró. Pero así es la vida.
Moraleja: nunca hables mal de tu familia política en público.

Otro día sigo que es tarde y quiero contar muchas cosas. Para quien las quiera escuchar.
Buenas noches.